AGARRE Y ARRASTRE. Artefactos para El Calvario

El Calvario es una acción performativa nacida del deseo de expiación.
Una entrega al suplicio como forma de redención.
Arrastré una roca con la cabeza por un campo recién labrado, a pleno sol de verano. El gesto era simple y brutal: usar el cabello —una de las partes más vulnerables del cuerpo— como única unión con la piedra.

La acción partió de una necesidad íntima: calmar la culpa. Transformar el sufrimiento emocional en algo tangible. Sacar fuera lo que dentro no encontraba consuelo.

Para esta caminata fabriqué mis primeros artefactos de caminar: dos piezas de madera laminada unidas al pie con cuerda de jacinto de agua. En la suela, tornillos de distintos grosores que se clavaban en la tierra. Servían para sujetarme al suelo, pero también para desgarrarlo.
No eran zapatos, eran herramientas.
Caminar se volvió un acto de labranza. Una penitencia que remueve la tierra.
Castigo que siembra.

Desde entonces, no he dejado de construir. Mis libretas se llenaron de útiles de imposibilidad: visiones de un cuerpo que quiere avanzar pese a lo que lo ata al suelo.
Artefactos para pequeñas penitencias.

Ficha técnica
— Acción performativa en campo labrado
— Artefactos de caminar, ‘arrastre y desgarre’ piezas realizadas en madera laminada con tornillos de distintos grosores en la suela.

Cádiz, España · 2024